De Chicas Ba La Cosa...

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WpMetadataNoticeÚltima publicación lun, dic 28, 2015
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Ficción
Romance
Un día no muy lejano en un instituto de segovia había 3 niñas qe eran de 2 de la eso. Eran las que manejaban a su antojo a la gente de su clase pero había a cuatro personas a las qe no manejaban que eran: María , Valería , Víctor y Isaac . Ellos eran especiales ellas decían que eran... Raros pero ellos no eran raros si no qe eran diferentes sabéis María: Es increíble con ciencias de la naturaleza. Valería: Era una crak de las matemáticas. Víctor: el veía espectros - ellas se burlaban de él. Isaac: le encantaban los animales. Y también se metían con sus aspectos por que las cosas en la que eran unos genios no eran tan raro el único a si más raro era el de Víctor el problema era su aspecto que era: -Llevan gafas , aparato , ellas los pelos de alcachofa , ellos tenían pelo a lo afro , hablaban raro claro qe María y Valería no ellas dos pasaban porque en realidad no les afectaba nada de lo que dijeran Susana , Laura , Samira
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En una pequeña y deteriorada casa al final de una calle secundaria en Tokio, vivía Utahime Iori, una joven de 17 años, delgada, de piel pálida y con una mirada melancólica. Sus ojos eran de un tono castaño oscuro que brillaban con dulzura cuando sonreía, aunque ya casi nunca lo hacía. Su largo cabello negro azabache siempre estaba recogido en una trenza simple, y aunque su ropa era modesta y muchas veces remendada, siempre olía a flores frescas, por su trabajo en la floristería. Utahime vivía con su padre, Masamichi Yaga, un hombre corpulento, de rostro endurecido y barba desordenada. Desde la muerte de su esposa -una mujer cálida que sufría de una enfermedad -, se había entregado por completo al alcohol. No trabajaba, apenas salía de la casa, y en los peores días, culpaba a Utahime por la muerte de su madre. Las palabras que salían de su boca eran crueles, llenas de resentimiento, y a veces, incluso acompañadas de golpes. Utahime cubría los moretones como podía, con maquillaje barato o mangas largas, mientras fingía que todo estaba bien. Nadie en su escuela lo sabía. Solo la señora Kaori, la dueña de la floristería donde trabajaba, era consciente de algo. Kaori la trataba como a una nieta, le daba sobras del almuerzo, y muchas veces le ofrecía quedarse a dormir en la tienda, pero Utahime siempre volvía a casa, no por su padre, sino porque quería cuidar el poco recuerdo intacto de su madre que aún quedaba allí. Al otro lado de la ciudad, en una de las zonas más exclusivas y protegidas por seguridad privada, se alzaba una mansión blanca rodeada de cerezos. Allí vivía Satoru Gojo, el hijo del magnate Inosuke Gojo, dueño de múltiples corporaciones a lo largo de Asia, y de Mikoto, una artista famosa retirada que ahora dirigía fundaciones de ayuda humanitaria. Mikoto era cálida y serena, siempre con una sonrisa sutil y manos cubiertas de pintura; su esposo, un hombre de negocios exigente, había criado a Satoru con disciplina pero

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