Amalia no lograba quitarle el ojo de encima, y a Cade no parecía repudiarle la idea. La miraba tanto como ella lo hacía con él. Seguramente lo disfrutaba todo el tiempo. Él se mostraba complacido cuando cada una de las personas que lo veían no lograban enfocar a otro lado. Por más que fueran miradas de recelo, él no se dejaba impacientar. Amalia creía que no era quien parecía ser. Y Cade sabía que ella no se dejaba ver. «El demonio no es tan negro como es pintado», y Cade amaría la idea de ser dibujado. Estaba seguro de que lo haría todo con tal de que Amalia lo note como él lo hacía.
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