¿Alguna vez has estado tan enojado que golpear cosas se siente bien?
¿O tan insensible que en realidad te sienes embriagado?
Los últimos años han sido así para mí.
Viajando entre la furia e indiferencia sin parada entremedio.
Algunas personas me odian por eso, mientras otras me tienen miedo. Pero ninguno de ellos puede herirme, porque no me importa nada ni nadie.
Excepto Tatum.
La amo tanto que la odio.
Solíamos ser amigos, pero descubrí que no podía confiar en ella o en nadie más.
Así que la lastimé.
La alejé.
Pero aún la necesito.
El verla me centra, y puedo acumular todo en mi enojo con ella. Involucrarla, retarla, intimidarla... son mi comida, mi aire, y la última parte de mí que se siente humana en absoluto.
Pero ella se fue.
Se fue a Francia por un año, y volvió como una chica diferente.
Ahora, cuando empujo, ella empuja de regreso.
- ¿Hay otro chico en mente Peyton? - preguntó curioso. - Porque siento que hay algo que me ocultas.
- ¿Qué dices? - reí - No, no hay nadie más...
- Peyton...
- Ok, si, hay otro hombre - rodé los ojos - yo odio a este sujeto desde que lo conocí, pero hay algo que siempre me atrae de él. Un día me besé con ese chico y sentí lo que tu sentiste cuando besaste por primera vez a mamá, pero se que con el no puede haber esa conexión, porque es sumamente ridículo, los dos somos algo similares, el no busca algo serio y yo estoy enamorada de otro.
- O sea que no sabes si escoger a Blake o a Jonathan - me atraganté con el café - ¿Qué? ¿Crees que no me doy cuenta de esas miradas que se echan? - rio.
- No es Blake.
- No, claro y yo soy Batman - se burló.