
Como a los doce años empecé a tener un sueño, un espejismo que para mi representaba la felicidad. Era joven así que era un poco triste e inmaduro puede ser, verdaderamente ahora no lo sé porque he perdido ese espejismo; no lo he substituido, sino perdido y aún no he sido capaz de determinar al menos un atisbo de lo que me inspira la máxima satisfacción en la vida.Todos los derechos reservados