Cada noche era igual, escuchar los llantos en la habitación contigua a la mía, podía escuchar los llantos de mi madre y sentir el sufrimiento de mi padre, sabía que la situación era difícil, todo era un caos. Necesitaba ayudarlos, necesitaba hacer algo. La desesperación se albergaba en todo mi ser, no sabía qué hacer, acaso ¿algún día seriamos felices?.
Jane se preguntaba eso todas las noches, los problemas en su casa eran muchos, y no es que sufrieran maltrato físico, pero el tener necesidades y no poder resolverlas a tiempo la desesperaban, podía sentir la desesperación en su hogar, no quería seguir ahí, amaba a su familia pero ella tenia sueños, sueños que algún día tendría que dejar atrás, tenía que hacer algo; un empleo era lo que necesita, y rápido, pero qué pasaría si este te conlleva a hacer alguna locura.
-Hola, Math, ¿pedirás lo de siempre?- dijo la chica de cabello negro con una amable sonrisa en su rostro.
-Si Jane, por favor, y otra cosa, ¿que tal si te propongo algo?- el chico la miraba nervioso.
-Ok, son 7€, dime de qué se trata y te diré si acepto o no- la chica estaba concentrada en el vaso que tenía en sus manos.
-Aquí tienes- el extendió un billete de 20€- necesito una pareja y necesito un vientre, ¿te animas?- se rascaba la nuca nervioso, que tal y la chica le decía que no, aunque con la suma de dinero que le propondría era imposible que se negara.
"Pocos ven lo que somos, pero todos ven lo que aparentamos" -Nicolás Maquiavelo.
Y ahí estaba yo. Reprochándome la vida mal vivida. Gracias a que todas las chicas de mi edad ya tenían novio y habían tenido su primera experiencia sexual. Pero ahí me encontraba yo. Encerrada en mi cuarto, acostada en la cama. Sin nada que hacer. Envidiando a esas chicas que salían de fiestas toda la noche. Aunque había comenzado la universidad aun esperaba que mi vida me diera un giro de 180°. SI. Así es. Es que tan difícil era poder salir de noche. Tiré mis brazos a los lados en forma de queja. Suspiré mientras podía escuchar la voz de mi madre en el pasillo cantando algún coro de la iglesia. ¿Por qué tenía que ser hija única? Lo digo por ser la única mujer ''mayor'' de sus hijos. Porqué claro que también existía mi hermanito que aun estaba en su colegio.
-¡___!- escuché que mi madre decía. Volteé los ojos. Me levanté de la cama y camine rápido a la puerta para así abrirla y mirarle.
-Sí, dime.- le dije mirándola.
-Deberías salir de tu cuarto e ir a ver si los vecinos tienen una hija para que sea tu amiga.- me dijo y bajo las escaleras, entre otra vez a mi cuarto y cerré la puerta.
''Si claro madre, ya mismo voy a ir de puerta en puerta preguntando si tienen una hija que pueda ser mi amiga'' rodeé los ojos. Y me tire en la cama otra vez.
A penas y superaba el hecho de que éramos nuevos en la manzana, o 'vecindario' como lo decía mi madre. Sin amigos, sin novio, sin nada. Así estaba. Y todo por el ascenso de mi padre de trabajo.
Saqué mi Ipod y puse mis auriculares. La música comenzó a sonar mientras yo cerraba mis ojos e imaginaba una vida perfecta. Con el chico perfecto. Con las amistades perfectas.
Sin embargo mi anterior amiga que según tenía el don de ver el futuro dijo que ''mi vida dará un giro de 180° y todo por causa de un chico'', así que desde ese entonces... no me puedo sacar eso de la mente, y preferiría que ese ''giro'' sucediera lo antes posible. Ya y hasta quería conocer