Una narrativa breve, sobre un ser humano que anhela con fervor a otro; sin entender porque la vida cortó el hilo rojo que los unía. Una carta escrita por él, que sin darse cuenta tardo años redactando y ahora que ha pasado el tiempo; es hora de darle un punto final y enviarla a su destino.
Cartas a la Ausencia es literalmente eso, una nota escrita con las lágrimas del olvido dirigido realmente a nadie, al ensueño, a la soledad, a la falta de algo; de alguien. La ausencia de su perfume lo intoxicó de vacío y ahora se asfixia entre su propio aliento que pide auxilio desesperado...
Escribir cartas implica narrarte a ti mismo; en vez de voz, utilizas tinta; en vez de mirar a los ojos, dejas que tus palabras penetren sus latidos y atraviesen lo más profundo del alma del ajeno que, por sorpresa, recibe un recordatorio; una nota que dice, quizás implícitamente: te extraño todos los días.
Esta breve historia no promete ser placentera, pues implica tristeza; la soledad es buena a cuenta gotas; no si dejas que te inunde por completo la habitación y la oscurezca.
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