Aquella Voz

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WpMetadataNoticeÚltima publicación vie, feb 5, 2016
Soy Annie Gump, una chica casi normal si no fuera por mi incurable ceguera, nací así por lo tanto no sé cómo se ve el sol, pero eso no me ha impedido sentir su calor, no sé cómo se ve el mar pero eso no quita el hecho que amo escucharlo y meterme en él por supuesto, no sé cómo lucen dos enamorados, pero sí lo he sentido; Tampoco sé cómo se ve él, pero de algo sí estoy segura... Su voz nunca la olvidaré, esa cálida, y apacible voz que me mostró cuán vulnerable soy, que hizo que quisiera borrar mi existencia de la faz de la tierra, pero que también me hizo vivir los mejores momentos de mi vida. Que al conocerla no pensé que llegara a ser tan indispensable para mi y que me haría agradecer y maldecir el día en que nací. Sé que el amor es complicado y aveces difícil, Ahora trata de imaginar cómo será para alguien que no puede ver...
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Vivir a medias basados en el conformismo muchas veces eso no es vivir, perdemos los días con la esperanza de que estamos haciendo lo correcto y que para los ojos de las personas es aceptable... pero nos estamos olvidando de lo más importante del vivir: Saberse libres. Tenía apenas diecisiete años cuando mi vida se transformó para siempre, sin darme cuenta fui perdiendo lo que más me importaba con el pasar de los años, todo cambió... yo cambié. Ahora simplemente no me reconozco, veo mis manos, mi cuerpo, toco mi rostro, mi cabello y parecen ser los de alguien más; y es que cuando entregas todo por amor simplemente te quedas vacía y marchita por dentro. Me enamoré de él sin siquiera sospechar de lo que se avecinaba, tan ingenua como siempre. Ahora los días han dejado de significar, se han vuelto eternos, las horas insufribles, los minutos un tormento y los segundos mi propio infierno... He tenido de sobra para pensar en mi vida, mi patética vida. He tropezado y me he levantado... vuelvo a caer y con cada tropiezo me vuelvo más débil... hay días en los que dejo que mi mundo se venga abajo y la soledad, mi fiel compañera, tome posesión de mi cuerpo, dejándome embriagar por sus palabras y dejando que fluya en mi interior. Dicen que el tiempo puede sanar las heridas. Pero lo que no nos dicen, es que las cicatrices siempre nos recordarán el pasado, que la sensibilidad esquiva el razonamiento y éste, a su vez, desgasta la entereza... Dicen que de todo se aprende, pero cuanto daría por qué no siempre las lecciones fueran tan dolorosas. Nota: este libro es totalmente mio, producto de mis días felices y tristes.

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