Michael Clifford, 6 años:
"No me gusta ser tan pequeño! Quiero ser grande"
Michael Clifford, 20 años:
"No me gusta ser grande. "
Michael Clifford, 8 años:
"Soy tan bonito! Mira mis ojos! Me voy a casar con una Top Model! "
Michael Clifford, 20 años:
"Mirame, soy un asco. Quien querría tanta mierda junta en su vida?"
Michael Clifford, 9 años:
"No me gusta cortarme, me harde"
Michael Clifford, 20 años:
"Un corte físico sustituye uno psicológico"
Michael Clifford, 11 años:
"Nunca beberé alcohol, huele feo"
Michael Clifford, 20 años:
"Sirveme un vodka"
Michael Clifford, 14 años:
"Nunca fumaré, causa cáncer"
Michael Clifford, 20 años:
"Déjame fumar, de algo me voy a morir"
Michael Clifford, 18 años:
"Hay tanta mierda en mi vida, deseo terminar con ella."
Michael Clifford, 20 años:
"Los deseos se cumplen. Mamá, papá, los amo..."
Julieta cree tenerlo todo claro.
Tiene una hija, un ex al que detesta, una rutina milimetrada y una lista mental con todo lo que no piensa volver a repetir. Ha pasado demasiado para permitirse el lujo de ilusionarse. Va de casa al trabajo y del trabajo a casa. Sonríe lo justo. Duerme poco. Ama a su hija más que a nada, pero a veces ni eso es suficiente.
Entonces aparece Pablo.
Una casualidad, un favor, un "tranquila, solo es un canguro temporal".
Y de repente, algo cambia.
Pablo no tiene grandes planes. Ni estabilidad. Ni filtro.
Pero tiene ese algo que descoloca, que entra sin pedir permiso.
Sabe cocinar, sabe mirar, y lo peor de todo: sabe quedarse.
Entre ellos no debería pasar nada.
Pero pasa.
Y cuando pasa...
Pasa de verdad.
No hay flores. No hay promesas.
Solo deseo, contradicción, roce, orgullo, tensión, momentos que se alargan más de lo que deberían y palabras que duelen más por lo que no dicen.
¿Y si esto no es solo sexo?
¿Y si esto tampoco es amor?
¿Y si lo que hay entre generaciones es todo eso que no nos atrevemos a vivir?