Diva
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WpMetadataNoticeLast published Mon, Feb 8, 2016
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Fiction
Romance
Llego tras una jornada dura de trabajo y solo me apete una ducha y tumbarme. Me desnudo doy al agua de la ducha y el chorro de agua comienza a deslizarse por mi cabeza, mis hombros, mi pecho y espalda y voy notando como la calidez del agua va surcando y acariciando mi culo, mi pene y chorrea por mis testiculos. La sensación es muy agradable y relajante. Mientras me mojo todo el cuerpo frotàndome con las manos cierro los ojos dejando volar mi pensamiento y mi mano acaricia mi sexo. Me viene la imagen de ella, que durmiendo desnuda me aguarda en el lecho. Es inevitable que me empiece a excitar pensando en su cuerpo. Acabo la ducha y me seco, no sin antes de en el momento de sacarme mi pecho y hacer lo mismo en mi sexo que está predispuesto y caliente. Me dirijo a la nevera desnudo y bebo un poco de leche fria. Me entra curiosidad por verla y con el cartón de leche me dirijo a la puerta de la habitación. Oscura pero gracias a la luz del pasillo puedo distinguir su bella silueta sobre
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La puerta se cerró con un leve chasquido, pero el verdadero estruendo fue dentro de mí. Ella no tenía derecho a estar aquí, pero tampoco tenía derecho a mirarme así, con esos ojos encendidos, esa boca entreabierta que suplicaba ser poseída. -Sabes que esto es un error... -gruñí, sintiendo mi control desmoronarse. Ella no respondió. Solo dejó caer su chaqueta, deslizándola por sus hombros hasta el suelo. Debajo, su piel brillaba con la tenue luz de la habitación, su respiración entrecortada, sus pezones endurecidos bajo la tela fina de su blusa. Mierda. Mis músculos se tensaron, mis puños se cerraron. Pero cuando sus manos trazaron un camino ardiente sobre mi abdomen, la bestia dentro de mí despertó con hambre voraz. -Ahora soy tuya, mi general -susurró contra mi oído, con la voz más pecaminosa que había escuchado jamás. No hubo vuelta atrás. La empujé contra la pared, atrapando sus muñecas sobre su cabeza mientras mi boca reclamaba la suya con fiereza. Su lengua se enredó con la mía en un beso feroz, húmedo, insaciable. Desgarré la blusa, arrancando el sujetador sin importarme nada más que sentir su piel contra la mía. -Vas a recordarme cada vez que respires -gruñí contra su cuello antes de hundirme en él con besos y mordiscos. Ella jadeó cuando mi lengua descendió, jugando con sus pezones, devorándolos hasta que su espalda se arqueó en un gemido desesperado. Sus uñas se clavaron en mis hombros cuando la levanté en brazos y la lancé sobre la cama. La despojé del resto de su ropa en segundos, besando, lamiendo, mordiendo cada centímetro de su piel hasta que su cuerpo se retorcía bajo el mío. Cuando mis labios encontraron su centro húmedo, gritos ahogados escaparon de su boca. La sostuve contra el colchón mientras mi lengua la desarmaba, mientras su cuerpo se estremecía una y otra vez con orgasmos tan intensos que apenas podía respirar. Pero no había terminado con ella.

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