Olivia no es fan de salir a bailar.
Ni de meterse en problemas.
Ni de tomar alcohol, ni de nada, en realidad; excepto escribir. Ella ama escribir, todos lo saben.
Aunque las cosas cambian abismalmente cuando accede a salir una noche con Valeria, su amiga. Conoce a Matías, quien la atrae de inmediato, pues no estaba bailando, o algo parecido (una gran cantidad de balanceos hacia un lado y otro con descensos violentos hacia el suelo), sino que estaba sentado en un rincón, tomando café... Café negro... Como su alma.
Y su curiosidad despertó, y su deseo la cegó.
Y su cabellera pelirroja lo atrajo, y sus miradas se encontraron. Y se sintieron comprendidos, solo por una vez.
Jean intenta confesar su atracción hacia Olivia en una fiesta, pero por culpa del alcohol termina declarándose a su mejor amigo, Oliver.
***
Cuando invitaron a Jean a la fiesta de una desconocida sabía que debía decir que sí, sobre todo porque necesitaba liberar el estrés de la escuela, de su casa, de su equipo de básquetbol y de él mismo. Todo parecía ir sobre ruedas hasta que se le ocurre la grandiosa idea de declararse en una llamada a Olivia, la chica que le atrae.
Sin embargo, cuando tienes un par de tragos encima, a veces las cosas no salen como las planeas y menos cuando te confundes de contacto y cometes el tonto error de marcar "Oliver" en lugar de "Olivia".
Lo peor de todo no es haberse confundido, sino la respuesta y propuesta que Oliver le da.
Una confusión, un acuerdo, un artista coqueto y un sarcástico basquetbolista.
¿Qué se supone que haces cuando la maldita confusión que has cometido termina gustándote más de lo que esperabas?
Ilustraciones del interior: yuzumedijo