Sacas tu navaja, esa que alivió tu dolor tantas ocasiones; te sientas en el suelo, dejas la carta a un costado, tomas la navaja entre tus dedos y la acercas a tu muñeca; cierras los ojos, recordando todas las razones que te llevaron hasta aquí, te ves a ti... Ahí estás, tan inservible para el mundo, tan desastrosa...
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