Nunca me enamoré de verdad, quizás lo hice pero era demasiado pequeña y fue algo platónico. Solo que todo se fue al carajo cuando ese amor platónico regreso a la ciudad. Maldigo el día en el que rechace la oferta de mudarme lejos de aquí, de huir. Porque aunque parezca una exageración nada iba a salirme bien si él merodeaba en las misma hectáreas que yo. Sin embargo, lo que empezó como una mentira pronto se convirtió en algo que ninguno de los dos podía controlar. Así como nunca me enamore, nunca fui adicta a algo, pero algo había en sus ojos que me envolvía y me sentía capaz de crear una adicción a ellos. Solo había un pequeño detalle y es que estaba totalmente prohibido, estaba tachado con una cruz demasiado grande y roja. Pero inevitable hay sentimientos que no se pueden esconder. Y otros que nunca deberían haber existido.
Más detalles