Yo no creía en la Iglesia, Dios nunca me amparo cuando lo necesité. La única persona que se convirtió en mi crucifijo y que me persigno con sus besos, fuiste tú. Y no me importo en ese momento todo lo que tuve que pasar por estar contigo toda la vida. Fueron momentos tristes, llenos incluso de rencor. tu con tu ceño fruncido y tus manos tersas y yo con los ojos dormilones y la sonrisa seca. Aunque pasamos años, para mi no fue mas que un suspiro y tu ausencia se me ha hecho eternidad.
La palomita blanca se convirtió en blancura pura.
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