THOR Y MEGAN DE LILY PEROZO PARTE 1

THOR Y MEGAN DE LILY PEROZO PARTE 1

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Abrió la puerta de la oficina de la chica sin llamar la cual no pudo ocultar la sorpresa al ver al brasileño entrar, no lo esperaba y su cuerpo reaccionaba, una rafa de fuego la azotó y su corazón se deshizo en latidos, tragó en seco para bajarlo porque en una milésima de segundo se le había instalado en la garganta. -No he dado mi autorización para que irrumpa de esa manera en mi oficina fiscal. -su voz se dejó escuchar convincente pero por dentro era un estúpido manojo de nervios. -¿Rachell te has vuelto loca? -demandó colocándose frente al escritorio y apoyando las manos en este acercándose a ella sintiendo esa necesidad de acortar la distancia entre ambos, mirándola a esos ojos que lo capturaban, ella con su mirada lo hacia su prisionero, no le dejaba escapatoria. -¿Por qué diablos has hipotecado el apartamento? -Eso no es su problema señor Garnett. -tan segura de sus palabras lo encaró aun cuando se sintiese aturdida ante la energía que él desprendía y se sentía temblar íntegramente. -No voy a discutir con usted mis decisiones, tiene el cheque, su cuenta esta saldada ahora deme el placer de no verle la cara nunca más. Samuel sintió un aguijonazo ante el rechazo y los deseos de Rachell de no verlo nunca más, la sola idea de pensarlo hicieron que un nudo de angustia se anclará en su garganta sin embargo no le desvió la mirada se la mantuvo y ella solo se acercó más a él. -Ya puede salir de mi oficina y de mi vida. -murmuró cerca del rostro del chico con toda la seguridad que poseía de momento y luchaba porque las lágrimas que subían por su garganta no le ganaran la partida. -¿Cual cheque? -preguntó mientras buscaba el comprobante de pago en el bolsillo de su saco. -¿Este cheque? -extendiéndolo frente a ella y haciéndolo pedazos dejando caer los jirones sobre el escritorio ante la mirada atónita de Rachell, en un movimiento sumamente rápido llevó una mano a la nuca de ella y la jalo hacia él....
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Nadie elige a quién recuerda el alma... pero el alma sí recuerda a quién amó. Desde que tenía memoria, Mitea supo que no era como las demás. Su reflejo en el espejo le devolvía una mirada demasiado antigua para una niña de nueve años. Tenía el cabello rubio como la luz del amanecer y unos ojos grises, tan intensos y penetrantes como el filo de una tormenta. Esos ojos no eran de una niña: eran de alguien que ya había vivido demasiado. Creció junto al coronel Christopher Morgan, como una sombra que no lo abandonaba. Siempre a su lado, siempre atenta. Mitea no necesitaba preguntarle nada: lo conocía mejor que él mismo, como si su existencia girara en torno a protegerlo... o recordarlo. -¿Por qué siempre estás con él? -le preguntó una vez Luisa, intrigada por su devoción silenciosa. Mitea solo sonrió con esa expresión misteriosa y fría que la volvía aún más inquietante. -Porque no lo voy a perder dos veces. Había cosas que nadie sabía. Como el hecho de que Mitea soñaba con fuego cada noche. Con un lugar destruido. Con gritos. Con el corazón de alguien que se apagaba lentamente en sus brazos. En esos sueños, ella no era una niña. Era una mujer rota. Era otra persona. Era alguien que había amado con tanta fuerza... que el universo le dio una segunda oportunidad para nacer. Sabrina la odiaba en silencio. Y Mitea devolvía ese desdén sin pestañear. Rachel, por su parte, le despertaba algo distinto. Tal vez desconfianza. Tal vez celos. O tal vez un eco profundo de algo que la niña aún no sabía cómo explicar. Porque en los recuerdos de su alma, Rachel también estaba ahí. Ahora, Mitea ha vuelto. En un cuerpo nuevo. Con una misión aún no dicha. Rodeada de personas que no saben quién fue... pero que pronto recordarán lo que ella nunca olvidó. Y Christopher... Christopher la mira sin saber por qué a veces siente que la conoce de otra vida. Pero lo sabrá. Todos lo sabrán. Y entonces comenzará el verdadero juego.

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