La sirena tatuada

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WpMetadataNoticeÚltima publicación sáb, may 14, 2016
El Madrid de 1982 estaba en ebullición y los que ardían en sus calles no sabían que sus cantos a la vida conformarían uno de los periodos más ricos para la cultura española. Esos jóvenes agotados del gris de la dictadura tenían mucho que decir y no estaban dispuestos a que no se les escuchara de nuevo, así que entonaban sus himnos en cualquier esquina. Exposiciones plagadas de color, fotografías de colegialas decadentes, conciertos en cada rincón y mucha cerveza por todas partes. Todos soñaban con ser músicos y reírse en la cara de un mundo en el que no iban a tolerar que se les dijera una vez más lo que debían o no debían hacer. No había nada escrito; no había normas, ni milagros, ni dioses, ni padres a los que rendir cuentas. Valentina tenía que intentarlo.
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Dos chicas tomando decisiones conducidas por un mundo donde los cuentos de hadas no tenían cabida, su vida llena de basura, donde la infancia se perdió, el madurar y crecer fue rápido y este no los preparo para tomar decisiones. La gente compadece a los niños de las calles, a los huérfanos, a los que por motivos de la vida no llegan. a tener un padre o madre que vele por ellos, pero nadie piensa que los niños que aun con un techo sobre su cabeza, o un plato en su mesa, ellos también sufren. Y si esta era la historia de esa dos chicas, Summer y Azul llevada por un mundo de dolor y sufrimiento por no contar con el apoyo de alguien, ese alguien que tenía su misma sangre y sobre todo quien debía cuidarlas y protegerlas de todo lo pudiera herirlas, pero fueron eso protectores los encargados de lastimar hasta el dolor a ambas. Esta historia está dedicada a mi mejor amiga, Michell. Porque sin importar la distancia y lo poco que nos veamos, siempre será mi amiga.

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