Nuestra fiesta ha terminado. Los actores, como ya dije, eran espíritus y se han disuelto en el aire, en aire leve, y, cual la obra sin cimientos de esta fantasía, las torres con sus nubes, los regios palacios, los templos solemnes, el inmenso mundo y cuantos lo hereden, todo se disipará e igual que se ha esfumado mi etérea función, no quedará ni polvo. Somos de la misma sustancia de los sueños, y nuestra breve vida culmina en un dormir.
<<PRÓSPERO, La Tempestad, Acto IV, Escena I >>
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