Yo soy Samuel un niño wayuu, ubicado al norte del país de Colombia en la Guajira, tengo 10 años, si tengo 10 años y ya tengo que ser testigo viviente de la secuela del desperdicio de agua. Vivo con mi madre y mi padre y una hermana menor que yo, mi hermana se llama Sarah, tiene 4 añitos de edad y ya esta baja de peso, cada día debemos sufrir de sed, de hambre, problemas de desnutrición, de no poder ir a la escuela porque no hay agua potable, tener que caminar horas y horas en una calor inmensa por ir a conseguir agua potable, para unos cuantos días, tenemos que caminar con mi padre como 3 horas en una inmensa calor y devolvernos cargando baldes pesados sobre la cabeza durante otras tres horas para llegar a nuestro hogar. Si, agua, agua para poder asearnos, para beber, para cultivar y que beban nuestros animales, un privilegio que no se da todos días y lo peor aún es que hace 4 años no ha caída una sola gota de lluvia en estas tierras, es triste ver que yo le pregunte a mi hermanita, que si sabe que es la lluvia y me responda no que es eso, como ella y otros niños de la Guajira no saben que en otras ciudades, países cae agua del cielo, las madres indígenas, que en la noche, a falta de alimento, les dan chicha a sus bebés antes de dormir. Aún recuerdo que unos años atrás teníamos muchos animales como burros que dejaron de ser parte paisaje guajiro y chivos que nos servía para venderlos para comer y cambiarlo por mercancía para comer, ver y recordar esos ríos grandes y llenos de agua que ahora son un tapete de arena, si estaba en mejores condiciones que en estas, pero ahora me doy vuelta y miro lo que ha cambiado estos lugares, esto no nos afecta a solo a mí y a mi familia, si no a todas la personas wayuus de la guajira, a veces en las noches me pongo a pensar, si esta situación en la actualidad está así que me esperara a mí y a los demás en el futuro.
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