harpper, Whilliam, Júpiter, Nickolas, Amanda, Dayanara y Fin. Siete personas, siete vidas que contar.
Fin amaba la astronomía, de Fin no habría mucho que decir, él sólo quería vivir una vida normal como la de cualquier otra persona, de esas personas que veía en la calle, de esas personas que llenan las calles con su bullicio, quejas, habladurías y de mas. Quería ser cómo ellas, quería quejarse de todo cómo lo hacen los demás, quería correr con su paraguas cuando la lluvia empezaba a caer, quería reír en momentos felices y llorar en los tristes, quería amar con todo el corazón a una sola persona, y por supuesto; no quería morir antes de tiempo, él quería morir en eso de los ochenta años o un tanto más, quería tener una vieja mecedora que chillaría siempre, y que nunca repararía, porque a parte de que prefería aquel ruido, siempre se perdía el tiempo entre los muchos pero no infinitos canales de la radio.
Pero... Él no era como las demás personas que llenaban las calles, él no hacía el más mínimo ruido o bullicio fuera de su casa. No podía ser como cualquier otra persona normal, no le gustaba quejarse a pesar de que quería hacerlo siempre, no podía correr con su paraguas cuando la lluvia comenzaba, porque él amaba la lluvia, Fin amaba mojarse. Fin no pudo amar a una sola persona con todo su corazón, porque se enamoraba tan fácilmente que olvido lo que era hacerlo de verdad, él, Fin Johnson Fickerss, no podría disfrutar su vejez en los muchos pero no infinitos canales de la vieja radio.
Las siete vidas de siete personas inestables psicolágicamente, las cuales también sueñan.
Los monstruos salen por la noche, porque en el día no hay estrellas que observar.
El peor día de tú vida, quizás, sólo quizás, pueda ser el mejor. Jamás dejar el teléfono en algún lugar había sido tan romántico. Quizás estamos en la época en qué en vez de dejar una zapatilla de cristal dejamos teléfonos.
Para Cielo Howland las cosas nunca pasaban por causalidad. Con sus veintidós años de edad aún creía en esas historias que leía en sus libros a menudo. Un día Cielo decide viajar a casa de sus padres para hacer una visita sorpresa, cosa que a su novio Peter Morrison no le pareció. Durante ese mes que estuvo en casa de sus padres no recibió mensajes, llamadas o señal de humo por parte de su novio Peter.
Un día después de regresar a su casa en Londres, decide llamar a Peter y invitarlo a su usual lugar favorito. Luego de discusiones y gritos Cielo pone fin a su relación, sale corriendo a prisa del lugar olvidando por completo el objeto que estaba sobre la mesa, y sin notar el hecho de que estaba siendo observada desde el momento en que entró en aquel lugar. Mientras tanto, el objeto era observado desde unas cuantas mesas más allá.
Y sin darse cuenta, el objeto que ahora estaba en mano de aquella persona se había convertido en el comienzo de algo, el comienzo de una nueva historia.