¿Quieres una Coca-Cola? [#1]

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«¿Quieres una Coca-Cola?» Él tan solo le estaba ofreciendo algo de tomar... Verónika, una chica de diecisiete años cuya vida era una mierda. Así. Sin más. No tenía amigos, todos la odiaban por X o Y motivo. Sus padres incluídos y ella no sabía por qué. Desde que ella podía recordar -o sea, los nueve o diez años- ellos siempre habían sido así. Verónika no conocía mucho algún tipo de trato diferente. Nicolás, un chico de diecisiete años con una vida normal y tranquila. No tenía padre, según su madre, éste se había ido junto con el nacimiento de su hermana menor y nadie sabía más de él. A Nicolás jamás le hizo falta. Un día se cruzarán sus destinos gracias al mejor amigo de Nicolás quien lo dejó plantado aquella tarde cuando él ya tenía en sus manos el par de Coca-Colas, y para que no fuese dinero desperdiciado decide regalársela a la primera persona que encuentra.
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#14
cocacola
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El mundo a veces se siente como si estuviera al borde del colapso, pero no por las razones que suelen preocupar a la humanidad. Para Elijah, la verdadera catástrofe no es el fin del mundo, sino el fin de su mundo: los días que se desmoronaron con la pérdida que lo marcó para siempre. Desde entonces, cada amanecer le parece una herida abierta, cada estrella en el cielo un recordatorio de lo que ya no está. Por eso, cuando Ameri apareció, él no supo qué pensar. Era imposible ignorar su risa, esa forma de iluminar las sombras con la simpleza de su presencia. Ameri era la antítesis de su ruina: un caos vibrante, un soplo de vida en medio de su desesperanza. Elijah no quería enamorarse. No creía que aún tuviera algo que ofrecer. Pero Ameri parecía no darse por vencida. Día tras día, con sus gestos pequeños y palabras sinceras, trataba de arrancarlo de la prisión de culpa en la que había encerrado su corazón. En un mundo que parecía estar en su ocaso, Ameri le mostró a Elijah que incluso en medio del Apocalipsis, el amor podía florecer, suave y desgarrador como un susurro entre las cenizas. Porque a veces, lo que más tememos no es el fin de todo, sino lo que vendrá después.

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