Cuando Maya se encuentra en su casa, suele tomar una taza y llenarla del café que previamente ha preparado. Se viste en una ropa holgada, tanto, que pueden caber dos personas en ella. Pone un poco de música a un nivel suave, ya que ella no pretende más que ambientar su entorno. Toma el cojín rojo con manchas de café encima que tiene que lavar. Lo acomoda y plácidamente se acomoda ella para quedar profundamente dormida por la espera que va a hacer.
En el momento en que el cielo torna a colores expresionistas, escucha la voz de ese chico y sonríe. Es en ese instante que sabe que una serie de eventos estarán por comenzar.
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