Suicidas †

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WpMetadataNoticeÚltima publicación vie, jul 15, 2016
Era una noche fría y oscura, él estaba sentado al pie de su cama con las rodillas recogidas hasta su pecho, apoyaba la frente en ellas atormentado por sus pensamientos y remordimientos, sin poder dormir una vez más. Se sentía cansado más que nunca, pero menos que siempre. Pasaron horas cuando por fin logró reunir las fuerzas necesarias para levantarse y caminar hacia el espejo. Vió su reflejo, no era él, no se sentía como él, sus ojos estaban lejanos, su rostro ya no era su rostro, su sonrisa se había convertido en una tristeza permanenteme tatuada en su rostro, se sentía vacío, la poca esperanza que lo mantenía vivo había desaparecido. Dió un golpe al espejo y tomó un frasco de la repisa mas alta, lo tomo con mucha fuerza, como si se aferrara a algo, como si aquel pequeño frasco contuviera su vida. Volvió a sentarse en el suelo, al pie de su cama, pensaba, miraba el frasco y lloraba. Por primera vez en la noche tuvo miedo, pero estaba decidido, nada ni nadie podría detenerlo.
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El espejo del baño siempre había sido mi confidente silencioso. Me devolvía una imagen familiar, la de una joven con una melena castaña brillante y unos ojos enmarcados por pestañas largas y oscuras. Era mi reflejo, mi ancla en un mundo a veces caótico. Pero últimamente, ese reflejo comenzaba a desdibujarse, a mostrar pequeñas imperfecciones que antes no estaban allí. Unos pocos cabellos de más en el lavamanos después de peinarme. Una ligereza extraña al mover la cabeza. Luego vinieron las noches en vela, la sensación punzante en los ojos al despertar, la acusación injusta lanzada en medio de la confusión de una fiesta. Pequeños incidentes aislados, como motas de polvo flotando en el aire, aparentemente insignificantes por sí solos. Pero ahora, al mirar hacia atrás, una sombra comienza a extenderse sobre esos recuerdos, tiñéndolos de un significado siniestro. Como si esas motas de polvo fueran en realidad esporas de un hongo oscuro, creciendo silenciosamente, alimentándose de mi bienestar, de mi confianza, de mi propia imagen reflejada en el espejo. No entendía lo que estaba pasando. Sentía que algo cambiaba, que una parte de mí se desvanecía lentamente, como un color desteñido por el sol. Buscaba respuestas en mi rutina diaria, en mis hábitos, en las personas que me rodeaban. Nunca se me ocurrió mirar más cerca, justo al lado, en la sonrisa amable y los ojos aparentemente preocupados de la persona que siempre estaba ahí. Porque a veces, el veneno más letal se disuelve en la dulzura de la amistad, y la mano que acaricia es la misma que, en secreto, deshoja la flor de tu belleza, pétalo a pétalo, hasta dejar solo un tallo frágil y vulnerable. Este es el relato de cómo mi reflejo se fragmentó, no por un golpe repentino, sino por la erosión constante de una envidia silenciosa, tejida en el tapiz de una amistad que creía inquebrantable. Y al final, solo quedaron los pedazos rotos, revelando una verdad tan oscura como la noche más p

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