El caliente roce de sus labios

El caliente roce de sus labios

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WpMetadataNoticeLast published Sat, Apr 2, 2016
Su caliente respiración rozó alguno de mis cabellos que bajaban por mi nuca. Erizó por completo toda mi piel, él estaba muy cerca de mí, el ascensor se lo permitía y parte de mi quiso girarse para sentir su hombría en mí. Pero al querer hacerlo me tomo con fuerza de los brazos y me lo impidió, susurro en mis oídos -espera todo a su tiempo solo quiero sentir tu aroma ya aremos cosas más interesantes después, y sé que te gustara-.Esto me resulto en el fondo un poco cómico pero me limite a llevar mi cabeza hacia atrás para poder demostrarle mi aceptación hacia lo que hacía. Estábamos muy cerca solo se limitó a tomar mis codos y dejarme estática ahí y sentir en mi parte trasera indicios de su insipiente erección. Luego se abrieron las puertas del último piso del edificio y recordé que debía bajarme y eso hice de una forma muy sutil, para que no pensara que quería huir de su agarre. Cuando hice contacto con sus ojos cuando yo ya estaba fuera del ascensor el solo me dio una sonrisa y entre que se serraba el mismo dijo- nos veremos de nuevo Agnes.
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La puerta se cerró con un leve chasquido, pero el verdadero estruendo fue dentro de mí. Ella no tenía derecho a estar aquí, pero tampoco tenía derecho a mirarme así, con esos ojos encendidos, esa boca entreabierta que suplicaba ser poseída. -Sabes que esto es un error... -gruñí, sintiendo mi control desmoronarse. Ella no respondió. Solo dejó caer su chaqueta, deslizándola por sus hombros hasta el suelo. Debajo, su piel brillaba con la tenue luz de la habitación, su respiración entrecortada, sus pezones endurecidos bajo la tela fina de su blusa. Mierda. Mis músculos se tensaron, mis puños se cerraron. Pero cuando sus manos trazaron un camino ardiente sobre mi abdomen, la bestia dentro de mí despertó con hambre voraz. -Ahora soy tuya, mi general -susurró contra mi oído, con la voz más pecaminosa que había escuchado jamás. No hubo vuelta atrás. La empujé contra la pared, atrapando sus muñecas sobre su cabeza mientras mi boca reclamaba la suya con fiereza. Su lengua se enredó con la mía en un beso feroz, húmedo, insaciable. Desgarré la blusa, arrancando el sujetador sin importarme nada más que sentir su piel contra la mía. -Vas a recordarme cada vez que respires -gruñí contra su cuello antes de hundirme en él con besos y mordiscos. Ella jadeó cuando mi lengua descendió, jugando con sus pezones, devorándolos hasta que su espalda se arqueó en un gemido desesperado. Sus uñas se clavaron en mis hombros cuando la levanté en brazos y la lancé sobre la cama. La despojé del resto de su ropa en segundos, besando, lamiendo, mordiendo cada centímetro de su piel hasta que su cuerpo se retorcía bajo el mío. Cuando mis labios encontraron su centro húmedo, gritos ahogados escaparon de su boca. La sostuve contra el colchón mientras mi lengua la desarmaba, mientras su cuerpo se estremecía una y otra vez con orgasmos tan intensos que apenas podía respirar. Pero no había terminado con ella.

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