Le he visto con el estado de ánimo más parecido a una montaña rusa.
Le he visto reír cuando todo se torcía y llorar de la risa.
Le he visto levantarse, sin querer hablar con nadie, y aun así, me dedicaba su mejor sonrisa tras unos buenos días.
Le he visto a las tres de la mañana, buscándome entre las sábanas, abrazarme y decirme que soy suya.
He estado en sus peores momentos, y desde la azotea, pedir un deseo a las estrellas.
Le he visto saltar de la emoción y besarme tras cada canción.
Le he visto fallarme, perdonarle y volver a lo de antes.
Le he visto consumirse como ese cigarrillo que cuando se termina, lo tiras y lo pisas.
Le he visto irse, sin mirar atrás y sin volver.
All Rights Reserved