¿Que no entiendes? ¡Te amo!

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WpMetadataNoticeLast published Fri, Feb 28, 2014
Marinus...supongo que ya te acuerdas, y si no, pues, te lo voy a decir...-Me volteó a ver a los ojos con una cara más seria- Marinus, cuando te pedi que te mudaras, te dije que algún día me quería casar contigo, y que sabía que ese no era el momento indicado...pero creo que...ya lo es...-hizo una pequeña pausa- Me acuerdo de cómo unos cuantos meses después de que te mudaste estabas espantada porque creíste que te habías embarazado después de la primera vez, y que lo único que pasó fue que tu periodo llego tarde -dijo con una risa. Sonreí y me sonrojé a la memoria- y eso...todas esas veces que nos hemos hecho sonrojar uno al otro...son todos esos momentos especiales qu etengo contigo los que llevaron a esto-señaló al anillo- Marinus...te amo...bueno...ya sabes cúal es la pregunta que viene después de eso...
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Nadie elige a quién recuerda el alma... pero el alma sí recuerda a quién amó. Desde que tenía memoria, Mitea supo que no era como las demás. Su reflejo en el espejo le devolvía una mirada demasiado antigua para una niña de nueve años. Tenía el cabello rubio como la luz del amanecer y unos ojos grises, tan intensos y penetrantes como el filo de una tormenta. Esos ojos no eran de una niña: eran de alguien que ya había vivido demasiado. Creció junto al coronel Christopher Morgan, como una sombra que no lo abandonaba. Siempre a su lado, siempre atenta. Mitea no necesitaba preguntarle nada: lo conocía mejor que él mismo, como si su existencia girara en torno a protegerlo... o recordarlo. -¿Por qué siempre estás con él? -le preguntó una vez Luisa, intrigada por su devoción silenciosa. Mitea solo sonrió con esa expresión misteriosa y fría que la volvía aún más inquietante. -Porque no lo voy a perder dos veces. Había cosas que nadie sabía. Como el hecho de que Mitea soñaba con fuego cada noche. Con un lugar destruido. Con gritos. Con el corazón de alguien que se apagaba lentamente en sus brazos. En esos sueños, ella no era una niña. Era una mujer rota. Era otra persona. Era alguien que había amado con tanta fuerza... que el universo le dio una segunda oportunidad para nacer. Sabrina la odiaba en silencio. Y Mitea devolvía ese desdén sin pestañear. Rachel, por su parte, le despertaba algo distinto. Tal vez desconfianza. Tal vez celos. O tal vez un eco profundo de algo que la niña aún no sabía cómo explicar. Porque en los recuerdos de su alma, Rachel también estaba ahí. Ahora, Mitea ha vuelto. En un cuerpo nuevo. Con una misión aún no dicha. Rodeada de personas que no saben quién fue... pero que pronto recordarán lo que ella nunca olvidó. Y Christopher... Christopher la mira sin saber por qué a veces siente que la conoce de otra vida. Pero lo sabrá. Todos lo sabrán. Y entonces comenzará el verdadero juego.

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