Ojalá mis deseos no fueran más que eso. Ojalá mis sentimientos no gritaran tan alto.
Ojalá.
Pero en la noche, cuando la inspiración despierta de su gran letargo, brotan de mis labios palabras entrelazadas con fuerza y genialidad, y mis manos no pueden resistir a escribirlas en aquel desgastado diario.
Siempre he pensado que eran algo que debía mantener oculto e intacto, que no eran para tanto.
Sin embargo, aquí me hallo, escribiendo mis paranoias en una página en blanco.
Deseando encontrar a alguien que también le pase lo que yo paso.
"Sé fuerte".
Una frase tan repetida que ha perdido todo significado. Solo un eco hueco en mi mente, cuando ya no queda fuerza ni voluntad para sostenerme.
Las mentiras y los secretos se han vuelto rutina. Están en cada gesto, en cada palabra dicha por compromiso. Respiro fingiendo que todo está bien, mientras mi corazón late con dificultad: frágil, exhausto, desgastado por decisiones que creí correctas, pero que solo me hunden más en el caos.
Mi vida es un rompecabezas incompleto. Las piezas faltantes se pierden entre recuerdos borrosos que me persiguen incluso dormida. Las pesadillas son tan reales que despierto sintiendo que no descansé, sino que luché toda la noche para no hundirme.
Mi alma...
Se siente como si se desprendiera poco a poco de mi cuerpo. Como si algo en mí muriera en silencio, mientras el mundo sigue girando, ajeno a las grietas que me atraviesan.
Desde que él apareció, todo comenzó a desmoronarse más rápido.
Ese chico de silencios inquietantes, cuya sola presencia desata rumores que se esparcen como fuego y se clavan en lo más profundo de mi mente. Su vida está llena de misterios, de miradas que dicen más que cualquier palabra. Y desde su llegada, ya nada ha sido igual.
La razón y el corazón pelean dentro de mí, arrastrándome a una batalla interna que no me permite respirar. Todo lo que antes era claro ahora se tambalea, cada decisión parece llevarme más lejos de mí misma... Más cerca de un abismo que no sé si podré evitar.
Las pesadillas no descansan. Me susurran que no pertenezco a este lugar. Que este mundo nunca fue mío.
Y empiezo a creerles.