Él lo sabía. No estaba haciendo lo mejor, pero tenía que hacerlo. Ambos estaban equivocados, creían amarse y no era así. Porque no lo hacían, ¿no? Pues él creyó que no, tonto error de principiante. Si tan sólo supiera la verdad, si tan sólo hubiera sido capaz de confiar en él, si tan sólo no hubiese cometido el peor error de su vida. Pero lo había hecho. La había cagado y pagaría las consecuencias.
Todos los derechos reservados