- ¿Ni siquiera puedo intentar conquistarte? Eris levantó una ceja, con una sonrisa incrédula en los labios. -¿Conquistarme? -repitió, dándole vueltas al hielo en su copa- Qué palabra tan... ¿anticuada? Jos apoyó un codo en la barra, inclinándose apenas hacia ella. -Dijiste que creías en matrimonios tradicionales, pensé que te gustaban las cosas a la antigua. Eris dejó escapar una risa suave. -Dije que creía en la monogamia, no que era ingenua. Jos negó con la cabeza, divertido, y tomó un sorbo de su nuevo trago. -Bueno, entonces dime... ¿cómo se supone que un hombre debe acercarse a ti? Ella se quedó pensativa por un momento, observándolo con cierta curiosidad. -Supongo que sin pretender que todo es un juego. El esbozó una sonrisa lenta. -Entonces tendré que descubrir qué es lo que te parece real.
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