Jamás te dije lo mucho que me gusta el hoyuelo de tu mejilla izquierda. O lo que me gustaba que me besases sin yo pedírtelo.
Jamás te confesé lo que me hubiera gustado que luchases un poco más por mí, que no me dejases ir tan pronto.
Jamás te conté que me habría encantado prolongar un poco más lo nuestro, aquel último beso, aquel último encuentro, aquel último abrazo. Jamás. Y me arrepiento.
No quiero olvidarte, quiero superarte. Y si no puedo, es que estoy intentando olvidarte y lo que no sale del corazón, no puede salir de la mente.
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