Todo lo que brilla algún día se apaga y todo lo que amas algún día se desvanece. No sabía la suerte que tenía de poder verle hasta que ya no pude. Tampoco me parecía tan importante aprovechar el tiempo hasta que estuvo contado. Dejamos una huella imborrable en ambos corazones y los dos fuimos efímeros en la vida del otro, como el humo que desaparece en una taza de café caliente, como las hojas de los árboles que se caen en la temporada de octubre o como se desvanece un diente de león cuando lo soplas al viento. La belleza de lo que tuvimos hizo nacer la capacidad de apreciar el tiempo. Y su final, fue el ladrón silencioso que robó nuestros momentos más preciados.
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