El minutero del reloj avanza demasiado deprisa, las lagrimas no cesan y cuando me quiero dar cuenta estoy embarrada de tristezas. Nadie tiende a salvarme del augurio que es estar en esta cárcel de la depresión.
Herida por amigos, maltratada por el supuesto príncipe azul del cuento podrido y apenada por esa gente que un día me quiso y ahora están muy lejos de mi.
Cansada de ser la niña tonta. Me enfrentaré a mis miedos, para poder salvar algún pedazo de mi viejo yo, y así poder estar orgullosa de quien era y de quien seré.
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Como gotas tintinantes,
cristalinas, transparentes,
tu tristeza, mi alegría,
mi congoja, tu esperanza,
nuestro encuentro.
Caen y vuelan los minutos,
las horas, los días....