-Milagros, ¡vení corriendo!.- me dijo Lucille. No entendí que pasaba, fuí corriendo.
-¿Qué sucede?.- Lucille estaba trás una puerta, la de la habitación de nuestra madre, algo estaba haciendo y yo no lo entendía.- Decime lo que está pasando, idiota...
-¡Escuchá!, ¡nos vamos a Argentina!, ¡grandioso!.- me dijo, por cierto gritando.
-¿Que decís Lucille? No digas bobeses.- rodeé mis ojos, odiaba que me mintiera o me haga bromas pesadas, o cosas así, al caso. Pero esto, tengo que admitir,que lo que decía era verdad.
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