Tenía una vida sencilla, una rutina que muchas veces me había resultado aburrida pero sin duda fue lo que más eché de menos después de que me lo arrebataran.
Mi vida se había convertido en una película mediocre de vampiros que parecían saber con antelación cada paso que daba, algo que resultaba realmente frustrante, pero no iba a dejar que pudieran conmigo.
Creí durante mucho tiempo que, al menos, tenía gente en la que apoyarme y que no me defraudaría nunca. Me equivoqué. A veces quien más abrazos te dió es quien más veces te apuñala; me tocó aprender de la peor manera lo peligroso que puede ser poner la mano en el fuego por alguien que nunca la pondría por ti.
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