Enséñame a amar
"¡Estás loco!", me dijo un amigo de confianza. Personalmente siempre he considerado las opiniones de los demás, aunque eso sea algo no recomendable por la mayoría de la gente. Pero extrañamente no reconocí que tenía algo de razón, después de todo yo era consciente de que todo esto era una locura. Lo supe desde el principio, pero a decir verdad este imposible me fue comiendo la cabeza y yo jamás me había dado cuenta hasta que lo pensé por dos segundos. ¿A quién le importa pensar cuando se trata de amor? La felicidad a veces necesita más del corazón que a la razón para aparecer. Después de todo, ¿qué es lo peor que podría pasarme si al menos lo intento?
Basada en hechos reales.