
Era extraño. Esa sensación que tenía cada vez que la veía caminar sola por los pasillos, cuando la veía leer o dibujar en el patio, o, simplemente, cuando la espiaba por el rabillo del ojo durante las clases. Esa sensación de emoción, pero a la vez inseguridad. Ella, tan hermosa, desprendía misterio; él, por otro lado, un chico común, era un libro abierto. Sin embargo, había una pregunta que se repetía en su mente mientras la miraba, como si la voz de ella estuviese en su cabeza. ¿Sabes cuántos secretos puede guardar una persona?All Rights Reserved
1 parte