Jamás supe amar a alguien que no fuera mi abuela... o mis perras. Pero tú fuiste diferente. Tu agresividad, tu sinceridad... me enseñaron que eras distinto. Tardé en darme cuenta, pero tus ojos azules me hacían suspirar. Tu voz, ronca y firme, me sacudía por dentro. Tu trato, tosco y a la vez suave, me desarmaba. Caí a tus pies sin siquiera darme cuenta.
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