Hace muchos años, los ángeles y los demonios eran fieles amigos, no había confrontaciones o algún mal entre ellos, algún conflicto o cualquier cosa , así que decidieron que para seguir teniendo esa armonía, se hicieran leyes, leyes que si rompes te traían la consecuencia de ser un renegado.
Ese reinado entre ángeles y demonios duro muchos años, pero el hijo de un demonio del consejo rompió una ley, juntándose con una ángel. Hija de Pandora, líder del consejo de ángeles.
Aquella ángel embarazada de un demonio ocasiono que la amistad y reinado de los ángeles y demonios se destruyera, odiándose a muerte por culpa de este amorío prohibido entre sus propios hijos. Desde ese entonces, los pueblos se separaron.
Los enamorados escaparon a un pueblo abandonado, donde hace más de mil millones de años atrás Vivian dioses, ahí la ángel dio a luz a una bebé, aun siendo ángel... Meses después del nacimiento de la bebita, ambos enamorados se hicieron renegados, así pudieron volver a su viejo pueblo. Pero al regresar, notaron la separación de los consejos, el demonio fingió haber sido ángel para estar con su amada y su hija, pero aun así el consejo los descubrió llevándolos a la muerte a los enamorados y llevando a la bebé a otro mundo. Un mundo de mortales, aquellos que solo tenía renegados y mundanos, ellos que no tenían poderes o magia.
Ese mundo, moderno y extraño para cualquier ángel o demonio, se volvió el mundo de la bebé, se volvió el mundo de Lilac Vanir.
Se volvió mi mundo.
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Una súcubo que fue expulsada del Inframundo por negarse a cumplir su trabajo para consumir almas. No quería tener sexo de esa manera. Las novelas románticas que coleccionaba la habían moldeado desde que las descubrió y quería tener un romance como los que leía. Sabía que era una fantasía y aun así se rehusó a hacerlo. Comenzó a vivir como una humana y la vida no podría ser más dura, pero también era mejor.
El ángel había estado observándola por varios años. Temeroso porque esta extraña se atreviera a hacer algo malo; sin embargo, eso no sucedió. Se negó a matarla cuando su deber era destruir a todos los demonios que encontrara. Esas eran las reglas. Y él debía ser bueno. Tal como lo mandaba el dogma. Se atrevió a cuestionar a los suyos y sus creencias, acorralándose a sí mismo entre su deber y lo que dicta su corazón. Indudablemente, tendrá problemas con sus superiores.
La vida da muchas vueltas y sus ideas rebeldes podrían ponerlos en el camino correcto para encontrarse, pero ¿qué pasaría si tuvieran que convivir en la misma casa? ¿Serían capaces de llevarse bien? Sólo el tiempo y su voluntad por hacerlo lo dirá.
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