Indiscutiblemente me enamoré de él. Ingenua es un término que acepto perfectamente cuando de mi se trata, no puedo discutir al respecto sobre ello. Es un hombre especialmente cálido visualmente, pero picaflor, aunque me duela admitirlo. No consigo dar un descripción plenamente clara de él, pero me cautivó de una manera inimaginable y eso era lo más absurdo.
No soy lo que se dice una mujer hermosa, tengo un gusto peculiar para todo y, como si fuese poco, una vergonzosa vida social que consiste en una sola ruta; de mi casa al trabajo, del trabajo a mi casa. Pero no es sobre mi de quien he venido a hablar, sino de él, de Matthew.
Vivimos en el mismo edifico en distintos pisos, distintos intereses, distintas personalidades, pero aquí me encuentro yo, derretida ante la idea de su existencia. Quizás sea difícil de creer, pero pueden ir ustedes mismos y admirar su belleza indiscutible: New York, Edificio 48, habitación 514.
Parecían irreversibles, los efectos de haber decidido recorrer el interminable mapa de mi cuerpo, podría cautivar a cualquiera pero solo estaba esperando por atrapar al indicado y había logrado su cometido.
No había un punto medio, estabas siendo todo lo que querías y yo lo que tanto deseabas pero que no estabas seguro de ello hasta que finalmente me tuviste, hasta que finalmente nos tuvimos el uno al otro.
¿Qué es lo que sé acerca del amor?, lo estaba viviendo, el saber que se es esperado por alguien quién moriría por escuchar las historia de tu día estaba siendo un hecho y no un sueño, había estado esperando tanto por ello, sonrisas correspondidas, un lugar que guardar en una mesa ajena y reír sinceramente aún siendo bromas sin chiste alguno las que hubiese escuchado.