Ya tan sólo una reja nos separa, esta, de hierro forjado y color negro, luce un aspecto antiguo y descuidado, el cual casa perfectamente con la atmósfera del lugar. Pasada la reja, en su interior dos árboles robustos y de cierta nobleza se alzan por en cima de la cubierta del edificio en busca de un preciado sol. Esto aunque parezca mentira, es sólo la modesta entrada de mi Instituto pero hay es donde todo comenzó...
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