Siempre le he dicho que me gusta su pelo,
largo, liso, negro y brillante que cae y reposa sobre sus glúteos, grandes, duros y redondos,
que sensación tan agradable es poder sujetar con mis manos de manera fuerte sus muslos,
simplemente me transportan, a lo instintivo, a lo arcaico, a la animalidad.
Me agrada olerlo, suave, rico y dulce; hace juego con el color de su piel, suave, blanca y tenue.
Con un cuerpo de moldeado perfecto, de abdomen plano en el que se pudiera quedar dormido,
uno pechos redondos, grandes y perfectos y unos labios que se ponen húmedos, cálidos y vibrantes como si estuvieran hambrientos,
cada vez que te sientas sobre mis piernas.
Todos los derechos reservados