Estaba extasiada. Sentía que la bilis se me saldr ía en cualquier momento. Confiezo, es más, que hasta la cabeza me daba vueltas.
¿Cuán increíble puede ser todo esto?
Solo se lo propuse al profesor, a mi excelentísimo profesor, y resultó como lo esperaba. Pues claro. "Es una excelente dinámica, como siempre brillante, Sumers" me dijo con los ojos brillantes, con su auténtica sonrisa.
Pero jamás imaginé, que esos ojos, y esa sonrisa, se convertirían en mi martirio.
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