Aun en el silencio más profundo grita aquella pasión creciente por mirarte, crece cuando intimidado por tu presencia mi corazón se salta de alegría al contemplar tu belleza. Y es que, aun no teniéndote cerca, sintiéndote estoy fuertemente en mis venas, el calor que irradia tu belleza, que quema, que enciende, que acaba aún con las desolaciones más extremas: ¿Y si no te tuviera?, ¿Cómo sería mi vida?; hueca, oscura y nada alegre, vacía, sucia en la llanura sin tu hermosura, pues, teniéndote en frente conozco ahora el dulce aroma de tu enceguecedora alma pura.
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