
Tal como había sido predicho veintidós años antes, finalmente había encontrado mi muerte y mi felicidad en el mismo instante. ¿De quien eran esos ojos color avellana? Me decía en silencio, mientras se reflejaba una dulce mirada en aquel charco rojo. ¿Era sangre mía o de él? No estaba seguro, solo podía asegurar que me dolía hasta la raíz el saber que lo deseaba y que estaba muriendo por él.All Rights Reserved
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