A veces, ni las mismísimas gotas de agua consiguen tranquilizarme, ni aquel arrebato de silencio que suspira el aire.
Las horas se detienen para convertirse en segundos interminables que matan el tiempo. Nunca pensé que diría esto, y es que su voz es aquello que temo oír...
La gente juzga el prefacio, yo juzgo el libro.
All Rights Reserved