
Oh mi Dulcinea, ojalá no te hubiera conocido nunca. Quizás el traidor destino con nombre de Héctor me trajo a ti, o quizás fueron tus dulces ojos azules los que provocaron en mi una oleada más fuerte que el aire de los molinos de Quijote. Doloroso destino, que le arrebató a mi Dulcinea la libertad del recuerdo y la posibilidad de amar. Oh mi Dulcinea, mi dulce Katerine.All Rights Reserved