Dicen que la avaricia lo consume todo. Que aquellos que caen en sus redes nunca tienen suficiente. Yo no lo veo así. No es que no tenga suficiente, es que merezco más. Siempre más. Mi nombre no importa, pero mi presencia se siente en cada rincón donde el dinero, el poder y el deseo se entrelazan. Todo lo que toco me pertenece, porque el mundo es de los que saben tomarlo. Y si alguien se atreve a interponerse en mi camino, bueno... hay muchas formas de hacer que comprendan su error. Pero incluso los que dominamos el juego encontramos adversarios inesperados. Y el mío tiene una sonrisa afilada y un desafío en la mirada. Quiere jugar conmigo. Quiere desafiarme. Lo que no sabe es que en este juego solo hay un ganador. Y siempre soy yo.
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