Durante la estancia en la oscuridad,
y el viaje por el sendero de las sombras,
siempre se observa una luz a lo lejos,
ese punto de indescriptible belleza,
aquel inmaculado paisaje donde todos quisieramos estar.
Siempre anehelando posarse bajo la luz,
siempre caminando para llegar a ella,
a veces corriendo para avansar rapido,
pero siempre tropezando por la ceguera de nuestros pobres ojos.
Negando la ayuda hacia los demas,
por temor a que nos atrasen en ese camino,
con el miedo de que nos desvien de el sendero,
sin darnos cuenta de que solos jamas llegaremos.
Siempre y ante todo "yo",
con el prejuicio de los otros,
con los ojos cegados ante nuestra codicia,
con las manos atadas por la avaricia,
y nuestros oidos tapados por soberbia.
Siempre observando,
siempre vigilantes,
del entorno, de los otros,
pero siempre viendo nuestro beneficio.
Asi pasamos nuestra existencia,
en aparente beneficio propio,
pero mas bien dicho,
en perjuicio ajeno.
Alegrandonos de nuestros logros,
y degradandonos ante el exito ajeno,
dejandonos llevar por nuesta verdad,
sin darnos cuenta que solos no somos nada.
Siempre criticando a los demas,
a la sociedad, al gobierno,
sin ver la podredumbre que somos,
sin ver nuestra propia estupidez
pero por desgracia,
necesitamos caer tan, pero tan hondo,
y revolcarnos en nuestras estupidas ideas
para lograr entender que necesitamos los unos de los otros.
Cuando? sera capaz esta estirpe,
de avanzar no como uno,
si no como un todo,
Cuando podremos vernos?, no como iguales,
si no como uno, un solo ente,
un solo objetivo, un solo sueño.
Lo mejor para el, que somos todos.
La verdad, la consciencia humana actual,
jamas lograra llegar a esto,
y por desgracia esta consciencia,
esta corrompiendo los nuevos retoños.
Esta sociedad que se jacta de ser superior,
tecnologicamente y en conocimientos,
carece de lo mas importante,
lo unico que nos ha hecho llegar hasta este punto,
aquello que por desgracia solo surge ante una desgracia mayor,
la empatia.
Recuerdo mi marcha al son de los gritos de guerra, las espadas que danzaban por los pastizales de Raldaram y la sangre y muerte que corría por mis dedos. Luchamos al amanecer de una causa perdida, de un recuerdo difuminado sobre una vaga esperanza entre una espesa fosca. Sin embargo, aprendimos que en la guerra no hay ganadores, solo los helados ojos de la muerte que nos observan dichosos de abrazarnos en unos sobreprotectores brazos de dolor.
Recuerdo el no recordar nada pues las almas solo tenemos una memoria, la reminiscencia unánime de aquel que llora en los Avernos. Somos parte de él ahora, lo somos hoy y lo seremos siempre pues El Oscuro es el único que motiva nuestra existencia. Las almas estamos condenadas a un estado hueco debido a que nuestra humanidad nos abandonó al entrar aquí, probablemente atemorizada de los horrores que nos esperan.
Y aquí estoy yo, a las puertas del Averno, dando un paso a lo desconocido y sin saber a donde mirar. Sus ojos penetran en los rincones más profundos y misteriosos de mi ser porque sabe que le pertenezco y me invita a seguirlo hasta el final. Las almas mortales perdieron la llama que les hacía avanzar, aquello que enciende un hermoso lucero en la oscuridad de sus fauces. En cambio, yo estoy dispuesto a continuar, porque sé que él es el final de todo, el final de la vida y el final de mi funesto destino.
Me encuentro en las puertas del Averno, en la oscuridad infinita, en el espiral de las sombras y el único lugar donde ningún rayo de luz asoma. Rogaré por los ojos llenos de luz y misericordia que me buscan para rescatarme, pero por ahora, seré preso de sus garras y motivaré mi alma a conseguir sus oscuras lágrimas.