Soñarla dolía, soñarla sin poder hacer nada dolía bastante.
Una intermitente agonía me atrapaba sin titubear, ella era mi apnea, mi melodía, mi alma.
Lo malo? es que solo estaba en mis sueños, nunca vi su cara pero si vi su alma, era como explorar un mundo nuevo, que acababa cuando el alba de la mañana hacía su entrada triunfal dañando mi sueño e invitando a la realidad a hacer de mi vida un infierno.
Príncipe de dia, mas un plebeyo en mis sueños dominados por una diosa.
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La noche era melancólica;
tal como cuando tenia 15 años,
la tristeza lo perseguía y... bueno
una copa no iría nada mal para olvidar
al idiota de Osamu Dazai ¿no?
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O quizás nunca debió tratar de olvidarlo...