Una tragedia que me dejó huérfana y millonaria a los ocho años. Un tutor legal que, pequeño detalle, resulta ser el líder de la mafia. Once años de exilio en un internado suizo. ¿El resultado? Regresé a los diecinueve con un máster en sarcasmo y cero ganas de obedecer a nadie. El problema es que mi tutor no es un viejito entrañable. Es Roman. El implacable jefe del inframundo, el ex prometido de mi hermana muerta y el bastardo que me desterró. Ahora espera que yo sea la niña dócil que empacó en una maleta hace una década. Lástima por él. Planeo volverlo loco. Pero hay un retorcido inconveniente: Roman es un criminal territorial, peligroso y letalmente atractivo. Él dice que su único deber es protegerme de sus enemigos. Yo digo que su única intención es encerrarme en su propia jaula de oro.
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