No solo es mi mejor amiga, ella me hace la chica más feliz del mundo.
Pensaba que solo me hacía sentir bien y que lo menos que debía de hacer por ella era protegerla.
Poco a poco ella se convirtió mi oxígeno.
Me mira igual que a los demás, y yo trato de imitarla pero, al darme su espalda le muestro aquella sonrisa que jamás me atreveré a enseñarle, susurro cosas que jamás diré en voz alta, e imagino cosas que no pasarán.
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