Hace tiempo que me abandonó el poder de controlar mi cuerpo, mis movimientos. Ahora todo está artificialmente relleno, es decir, esencialmente vacío. Nada ni nadie pueden cambiar lo que pasó, y debo resignarme a aceptar el futuro que de serie me viene implantado. Un futuro dependiente; lleno de retos que ahí estarán, esperando a ser retados (como su propio nombre pide a gritos), pero que mi ser rechazará, arrastrado por la ausencia de una fuerza mayor que la voluntad: la motivación... Pero en medio de este panorama, surge una posibilidad de resistencia a lo evidente, de esperanza, de cambiar (ya no el destino, sino el pasado). Y como todo, se encuentra artificialmente relleno, es decir, esencialmente vacío.
A veces somos incapaces de encontrar nuestro propio yo. Haciéndonos imposible encontrarnos a nosotros mismos. Callándonos todos los gritos de ayuda, incapaces de pedirla, nos cohibimos en nosotros mismos.
Porque si una persona se encuentra gritando al vacío es porque está a punto de saltar.
Jessica una chica que está a punto de graduarse se encuentra con un enigma mental, incapaz de solucionar, los sueños que la atormentan, empieza a dudar de todo lo que ve y poco a poco va perdiendo los estribos, poco a poco se va perdiendo a sí misma, encontrando a otra parte de sí que no conocía, mientras va reviviendo recuerdos del pasado de su madre que falleció hace dos años.
En Mi lado Oscuro, nos adentramos en la mente de una persona a punto del colapso, que al final revela todos sus pensamientos, dejándonos con una incertidumbre inminente sobre... si nos conocemos realmente por completo.
No puedes dejar de volar a menos que dejes que te corten las alas.